Vicegobernador de Texas pide armar a profesores tras tiroteo

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Diversas congregaciones en esta comunidad profundamente religiosa cercana a Houston se reunieron el domingo para celebrar sus primeras ceremonias desde que un chico armado mató a 10 personas en una secundaria, y un pastor lamentó el dolor “que ninguno de nosotros puede comprender”.

Apenas dos días después de la muerte de ocho estudiantes y dos maestros sustitutos, el pastor de la iglesia Dayspring reconoció el pesar que asuela a Santa Fe, una localidad de 13.000 habitantes.

“Jamás serán olvidados en esta comunidad, estos jóvenes, niños que solo asistían a la escuela”, declaró Brad Drake, quien leyó los nombres de las víctimas fatales, incluida una alumna que solía asistir a las ceremonias religiosas en Dayspring.

“Tenemos hoy a familias afligidas por el dolor que ninguno de nosotros alcanza a comprender”, agregó.

La familia de la estudiante asesinada, Angelique Ramirez, no asistió a la ceremonia. La estudiante era integrante del ministerio juvenil de la iglesia, dijo Drake.

“Ella era una joven dulce, tenía su propio estilo”, recordó. “Casi siempre tenía un peinado nuevo”.

Kelly Ward, asesor autorizado que dirige un ministerio en Springfield, Missouri, subió al estrado y pidió a los feligreses no reprimir sus emociones.

“¿Cómo afrontamos esto? ¿Qué hacemos?”, preguntó Ward. “La respuesta es que todos desahoguen su dolor, incluidos ustedes”.

Dijo que las personas pueden ayudar a las familias o amigos que estén de luto simplemente con escucharlas “porque en nosotros vive el espíritu de Dios”.

Los dirigentes de la iglesia llevaban puestas camisetas verdes con letras doradas, los colores de la secundaria Santa Fe. Colocadas dentro del perímetro del estado de Texas, las letras tenían un versículo tomado de la segunda carta a los Corintios: “Estamos atribulados en todo, mas no angustiados; en apuros, más no desesperados; perseguidos, mas no desamparados; derribados pero no destruidos”.

En la cocina de una iglesia cercana, feligreses prepararon costillas a la parrilla para venderlas después de la ceremonia. Lo recaudado se entregaría a las familias de las víctimas.

En la Primera Iglesia Bautista de la comunidad de Arcadia, el gobernador de Texas, Greg Abbott, abrazó a feligreses cuando llegaban. Entre ellos estaba Monica Bracknell, estudiante de 18 años de último grado que sobrevivió a la matanza. Bracknell dijo al gobernador que el ataque no debería derivar en una disputa política por el control de las armas.

Rodeada de cámaras de televisión, fotógrafos y reporteros, la estudiante dijo a Abbot que las armas no son las culpables.

“Hay quienes están convirtiendo lo sucedido en un tema político”, dijo la joven al gobernador. “No es un tema político. No es un tema relacionado con la ley de armas”.

Por su parte, el vicegobernador de Texas, Dan Patrick, pidió el domingo el “endurecimiento” de la seguridad en las instalaciones escolares de Estados Unidos luego del ataque.

Patrick culpó a la “cultura de violencia” y dijo que se necesita hacer más para mantener alejados a los agresores de los estudiantes, como colocar controles en las entradas de las escuelas y dar armas a los maestros.

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