El gran riesgo del huracán Florence: que se detenga

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El gran problema del huracán Harvey, que asoló Texas a finales de agosto del año pasado, no fue que entrara con violencia, con categoría 3, al tocar la costa tejana. Su verdadero poder destructivo fue cuando ya se había debilitado a tormenta tropical: se detuvo durante dos días en el área metropolitana de Houston, la cuarta mayor ciudad del país. Las inundaciones que provocó supusieron el mayor coste económico para un huracán, junto con Katrina, que asoló Nueva Orleans en 2005, de la historia de EE.UU.

Ahora se teme que con Florence, que avanza en el Atlántico como un huracán de grandes proporciones, ocurra algo similar. Este miércoles, las previsiones de los meteorólogos apuntaban a un cambio de trayectoria del huracán, que está previsto que toque tierra en algún punto de Carolina del Sur o del Norte este viernes: en lugar de seguir camino hacia el Noroeste y debilitarse dentro del continente americano, los modelos informáticos creen ahora que girará hacia el Sur sobre la costa, reducirá su marcha y se asentará hacia el sur de Carolina del Sur, cerca de su frontera con Georgia. Eso significaría que derramaría lluvias torrenciales y vientos huracanados en la zona durante muchas horas, con gran riesgo de inundaciones catastróficas, que se sumarían al potencial aumento del nivel del mar en las zonas costeras, que podría llegar a los cuatro metros si coincide con mareas altas.

Este miércoles, el huracán bajo algo de intensidad, con vientos sostenidos de 200 kilómetros por hora, lo que le colocan en la categoría 3. Sin embargo, el tamaño de su influencia creció: los vientos huracanados se extienden por un radio de 110 kilómetros, y los vientos propios de una tormenta tropical van hasta un radio de 280 kilómetros.

No se espera que las primeras lluvias y vientos fuertes se noten en la costa hasta la mañana del jueves. El área afectada, y para la que se han establecido órdenes de evacuación, se extiende por todo el litoral de las dos Carolinas.

Los preparativos para Florence se han disparado en los últimos días, con la salida masiva de la población que está en la trayectoria prevista para el huracán y con el revestimiento de las casas y negocios de quienes prefieren parapetarse en sus hogares y resistir su violencia. Buena parte de los aeropuertos cercanos a la costa estaban cerrados desde este miércoles, lo mismo que ha ocurrido con centenares de colegios, universidades y factorías. Los trabajos también se aceleraban para proteger las seis plantas nucleares que están en el camino de Florence.

«El desastre está en la puerta y va a entrar», advirtió el gobernador de Carolina del Norte, Roy Cooper.

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