Centroamérica, ¿la nueva finca del narcotráfico?

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Luego de caminar por 10 horas en la selva de Guatemala bajo intervalos de fuerte sol y la lluvia, la cuadrilla de 60 policías llegó a una recóndita plantación de hoja de coca, de casi una hectárea, cercana a un laboratorio para procesarla.

La operación, realizada en mayo bajo la más absoluta reserva, llevó al primer hallazgo en el país de un cultivo de ese arbusto, sembrado principalmente en Bolivia, Colombia y Perú, los mayores productores de cocaína del mundo.

Por esas mismas fechas, otra plantación de unas 20 hectáreas fue localizada en la vecina Honduras, la tercera en un año, lo que demuestra, según autoridades, que los narcotraficantes están buscando convertir a Centroamérica en una región productora de cocaína para traficar a Estados Unidos y Europa, reduciendo la compleja y costosa logística de hacerlo desde Sudamérica.

Los cárteles colombianos y mexicanos ya usan a Centroamérica como punto de trasbordo de la droga sudamericana con destino a Estados Unidos y Europa, algo que ha aumentado el poderío de las pandillas, conocidas como maras, que se dedican, entre otros delitos, a la venta de drogas.

“Las organizaciones van pensando en ir haciendo experimentos en estas regiones en cuanto a cultivar el arbusto y obtener la pasta (básica de cocaína) para ahorrarse costos y reducir los riesgos de trasegar la droga desde Colombia u otro país en Sudamérica”, dijo Jaime Quintanilla, jefe de la Dirección de Lucha contra el Narcotráfico de Honduras, a Reuters.

“Nosotros aspiramos a tener el control de nuestro territorio, pero es bien difícil que podamos erradicar estas acciones”, se lamentó el funcionario.

Las autoridades hondureñas y guatemaltecas coinciden en que los hallazgos son “ensayos” de los narcotraficantes -que sospechan son colombianos aunque no tienen pruebas definitivas- para estudiar las condiciones de la región y comenzar a cultivar y procesar coca.

A pesar de que las 50 hectáreas de hoja de coca halladas en Honduras y Guatemala desde 2017 aún están muy lejos de las 171,000 hectáreas que se cultivaron en Colombia el año pasado, analistas creen que las condiciones de la región la hacen propicia para que los narcos la conviertan en su próxima finca.

Actualmente, los narcos en Colombia producen 8,2 kilos de clorhidrato de cocaína por cada hectárea de hoja de coca, según cifras de la Oficina de Naciones Unidas contra la Droga y el Delito. El kilo de clorhidrato cuesta 1,500 dólares en las zonas productoras y, en Europa, el gramo de coca llega a 180 dólares.

“Esto va a seguir”, dijo a Reuters un comisario de la policía de Guatemala que solicitó el anonimato porque no está autorizado a hacer declaraciones en público sobre el asunto. “Vamos a estar atentos, (pero) es un poco difícil el reconocimiento debido a la magnitud del país y en Guatemala hay todavía montañas vírgenes”.

El uniformado confesó que el hallazgo se logró gracias a una denuncia anónima y que sin ella hubiera sido casi imposible dar con los 75,000 arbustos.

La zona del descubrimiento, conocida como Alta Verapaz, es una región cálida y húmeda con montañas de hasta 2,500 metros de altura, similar a los Andes amazónicos, donde se siembra la mayor cantidad de hoja de coca en el mundo.

El Gobierno de Guatemala declinó comentar sobre los casos, al igual que las embajadas de Estados Unidos en Centroamérica.

LA MALDICIÓN DE LA COCA

En la década de 1970 Colombia era, en su mayor parte, un país de tránsito para la cocaína producida en Perú y Bolivia. Pero cuando Pablo Escobar y el cártel de Medellín acapararon la producción de la droga, la ciudad se convirtió en la capital mundial de la cocaína y la corrupción y violencia la asfixiaron.

Es lo que muchos temen que pueda suceder con Honduras y Guatemala, donde grandes extensiones de tierra rural de difícil acceso y poca presencia estatal han desatado el apetito de los narcotraficantes, que han instalado hectáreas de plantaciones de hoja de coca y laboratorios para su procesamiento.

“En Colombia hay cuadrillas de erradicadores desplazándose por el país, capacidades de detección y monitoreo de cultivos y un marco legal que restringe la importación y comercialización de los precursores químicos necesarios para convertir la hoja de coca en cocaína”, dijo James Bargent de InSight Crime.

“Honduras no tiene nada de eso”, sentenció.

Si los cultivos llegaran a expandirse, los grupos del crimen organizado en Centroamérica podrían dejar de ser transportadores y microcomercializadores para manejar la producción de drogas, un actividad mucho más lucrativa y que les daría mayor poderío.

De hecho, otro oficial de la Policía de Guatemala confesó a Reuters que, en los últimos años, cada vez más colombianos han llegado a los alrededores de la zona donde recientemente se ubicó el plantío de coca y hay indicios de que se dedicarían al cultivo aunque no han podido probarlo. “Hemos visto muchos colombianos viviendo en Cobán y Playa Grande (cerca de la frontera con México)”, dijo el uniformado que prefirió el anonimato pues no tiene permiso para hablar en público del asunto.

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