El chavismo acusa a ACNUR de inflar las cifras de la diáspora venezolana para “recibir más recursos”

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La diáspora venezolana, la mayor en la Historia del continente y la segunda actual en el planeta tras la siria, es un invento de la prensa y una herramienta de Naciones Unidas y de los países vecinos para proveerse de fondos económicos, según el chavismo. “En esta reciclaje mediático ACNUR (Agencia de Naciones Unidas para los Refugiados) vuelve a su rol de instrumentalizar la migración venezolana: mienten e inflan cifras para pedir y recibir más recursos con destino incierto, en medio de una rebatiña parasitaria, a costa de la dignidad y los derechos humanos de los venezolanos”, asegura el canciller revolucionario, Jorge Arreaza, a través de sus redes sociales.

La reacción bolivariana se produce días después de que la propia ACNUR, organismo que pertenece a la ONU, y la Organización Internacional para las Migraciones (OIM) confirmaran que la huida del derrumbe chavista ya ha saltado por encima de los cuatro millones de desplazados. Una cifra que corroboran otras organizaciones internacionales, como la OEA, y los países de acogida.

Incluso para investigadores locales esta cifra ya fue superada el año pasado. Según el Proyecto Global de la Diáspora Venezolana y el Observatorio de la Diáspora Venezolana (ODV), antes de la última oleada provocada por el colapso eléctrico nacional en marzo se contabilizaban 4.700.000 venezolanos distribuidos en más de 90 países por todo el planeta.

“Tras el fracaso del golpe de Estado, en estrategia contra Venezuela retoman la matriz migratoria que había desaparecido de los medios de comunicación desde enero. La derrota y el desespero los lleva a reciclar temas, readecuando la obsesiva agresión contra el país”, añade Arreaza.

La irrupción de Juan Guaidó como presidente del Parlamento democrático y su posterior proclamación como presidente encargado frenó en buena medida la diáspora durante enero y febrero. “Mucha gente postergó su salida por la esperanza que se suscitó, cuando en diciembre lo que reinaba era la frustración”, reconoce Tomás Páez, coordinador de ODV. Los apagones de marzo y la consiguiente profundización del desespero nacional generaron una nueva ola de migración, que ya ha expulsado del país a cerca de medio millón de venezolanos.

Desde que en 2015 el éxodo comenzara a ser visible en el país, el chavismo se ha negado a reconocerlo, empeñado en aparentar ante el mundo la “suprema felicidad” que da nombre a uno de sus viceministerios. El propio Nicolás Maduro no reconoce más allá de 800.000 desplazados, “engañados” por las campañas del exterior que les obliga a abandonar sus hogares. Eso sí, lo hacen con entre 10.000 y 20.000 dólares, según la versión imposible del jefe revolucionario.

Colombia (con 1.300.000 emigrantes), Perú (780.000), Estados Unidos (500.000), España (340.000), Chile (288.000) y Ecuador(263.000) son los países que han recibido más venezolanos, según las cifras de ACNUR y de ODV.

La exigencia de un visado para los nuevos emigrantes que llegan a Perú, impuesta por el Gobierno de Martín Vizcarra la semana pasada, también provocó la reacción de Caracas, que exigirá a los turistas peruanos un visado de entrada a Venezuela.

Arreaza ha aprovechado para hacerse eco de la visita de la actriz Angelina Jolie a la frontera norte entre Colombia y Venezuela, en plena Guajira. “Podrían al menos elegir mejor los escenarios del ‘show’. Es en extremo paradójico expresar preocupación por los venezolanos desde la Guajira colombiana, territorio abatido por la pobreza extrema y abandonado por el estado colombiano, donde han muerto miles de niños por la desnutrición”, acusa el canciller.

La ofensiva chavista coincide con la reapertura de los principales pasos fronterizos con Colombia, ordenada el viernes y puesta en marcha el sábado. “Si sacamos promedio de sábado y domingo podríamos decir que son unas 30.000 personas (las que han cruzado la frontera). Cuando estaba cerrada eran unas 7.000 personas diariamente”, certifica Christian Kruger, director de Migración Colombia.

Las autoridades cafeteras han destruido los pequeños puentes improvisados sobre el río Táchira, que durante tres meses han servido para facilitar el paso de un país a otro a través de las “trochas”, caminos clandestinos. En ellas, bandas delincuenciales de ambos países y militares venezolanos se han lucrado del cobro de un peaje para quienes transitaban por allí, según las denuncias del Parlamento.

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